7 teorías de baloncesto en las que ya no creo (tanto)

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Tras once años entrenando, apenas un suspiro, me he dado cuenta de cómo algunas de mis teorías de baloncesto eran simples asunciones, explicaciones dadas por papá o mamá antes de que pudiéramos analizar la realidad y acceder a la razón aparente que hay detrás de los procesos. De la conversación con otros entrenadores, pero también de la observación atenta del juego y del día a día de los entrenamientos, siento que alguno de esos principios, que seguro tuvieron un sentido y estaban basados en lógicas aplastantes, ya no sirven. De ahí que los haya adaptado o modificado. Y también que quiera conocer vuestra opinión al respecto, pues siento que son mudables y están en constante evolución.

Estoy seguro, además, que el Youth Procoach será un punto de inflexión en estos debates y nos dará suficientes argumentos para consolidar, rebatir o alterar nuestros criterios más arraigados. Infórmate aquí.

1. La triple amenaza sí, pero virtual

En el baloncesto posicional que se jugaba hasta hace unos años, la posición de triple amenaza, a cuya enseñanza dedicamos mucho tiempo en el pasado, tenía sentido. “Para, lee, amenaza” era la secuencia lógica de la recepción, pero en un baloncesto a máxima velocidad como el actual no nos podemos permitir este lujo. El jugador debe representar una amenaza virtual de tiro, pase, dribling y juego sin balón, pero la secuencia sería «observo, intuyo, decido y, una vez recibido el balón, ejecuto» poniendo presión al defensor desde el primer momento. No hay nada racional en este proceso, no hay un diálogo interior como el que luego mantendremos con el jugador: es el instinto, verdadero objeto del entrenamiento, en acción.

2. ¿Sin manos? ¿Por qué sin manos?

Aún me sigue sorprendiendo la cantidad de veces que escucho en un patio de colegio o en una pista de baloncesto la expresión “sin manos”, una expresión que yo quiero entender como “con piernas”, lo que aplaudo, aunque creo firmemente en que una buena defensa pasa por la actuación coordinada (a veces descoordinada) de ambas extremidades.

Defender sin manos, obligar a los jugadores a simplemente contener, elevando a dogma la norma de permanecer entre el balón y la canasta, con los brazos dentro del cilindro, es, antes de nada, aburrido. Qué es la táctica individual defensiva sino, entre otras cosas, la toma de decisiones en función de la posición y la actitud del manejador del balón, todo ello en conexión con la posición del resto de compañeros, que determinarán cuándo (y cuánto) es razonable arriesgar.

3. El bote, ni duro ni pocos (o no siempre)

Probablemente, en el proceso de enseñanza del bote, tenga sentido introducir las dos normas que enuncio en el encabezado: botar duro y lo menos posible. Lo que no es seguro es que el proceso siga un itinerario necesariamente lógico y que la flexibilización de las normas pueda ser asimilada de un modo natural, tal y como lo observamos nosotros, con el mapa completo. Sin ser un experto pedagogo, creo más en la adquisición de hábitos y en el efecto pernicioso que estos pueden jugar en un eventual proceso de desprendizaje y reaprendizaje. De ahí que en la enseñanza del bote opte siempre por educar en la variedad de alturas, ritmos y frecuencia. A veces un bote más abre el abanico de opciones para la posterior toma de decisiones al permitir al jugador ser explosivo y colocar el balón en la mano para ejecutar el pase o una finalización a canasta.

4. El tiro, de escuela. El pase, de parque

Yo fui el primero que entrenó el pase con ejercicios y rutinas semejantes a las del tiro, tal y como indicaban los manuales con teorías de baloncesto pero ahora soy consciente de lo inútil de todo aquel tiempo empleado. No hay pases de escuela en esa jungla que es la pista, llena de brazos y estímulos en movimiento. Además, los grandes pasadores de la historia nos han dejado sobradas muestras de la necesidad de desalinear hombros y caderas, así como de impulsar la pelota con muñecas y antebrazos para no telegrafiar la trayectoria. Y, sinceramente, no he visto una rueda de pase que enfatice esta cuestión.

5. Tan sencillo como correr y saltar

Quien más quien menos entendía la lógica de permanecer el mayor tiempo posible con los pies en contacto con el suelo. Ello, además de posibilitar, en defensa, la obtención de faltas en ataque, habilitaba un posterior desplazamiento y aumentaba el equilibrio. Sin embargo, con el paso del tiempo, la evidente mejora de los físicos, la lógica de la mayor velocidad (espacio/tiempo), así como de la mayor reactividad, ha promocionado, y yo creo en ello, a los jugadores que son capaces de jugar saltando (Steve Nash, Sergio Rodríguez), que, a partir de los dos pasos de distancia, corren por la pista y que son capaces de ejecutar acciones con un equilibrio precario.

6. Las reglas están bien… para incumplirlas

¿No os da la sensación de que entrenamos con demasiado celo el seguimiento de las reglas? Obviamente, si no nos atenemos al reglamento, los jugadores y los equipos no pueden progresar, pues perderían el balón en cada posesión o acabarían sin un número suficiente de efectivos cada partido.  Aun así, mi postura es la de vivir siempre en el límite, aplaudir cada intento del jugador por trasgredir la norma, especialmente si no se trata de un simple desafío a la autoridad y no supone una alianza implícita con la pereza. Navarro nos enseñó a parar en tres tiempos antes del cambio del reglamento y Luka Doncic acompaña el balón en cada bote de pausa o lectura.

7. De los polígonos a los vectores, del triángulo defensivo a la línea de pase

Ni triángulo defensivo, ni visión periférica. Aunque el ser humano pueda juzgar tamaños y distancias con precisión en un ángulo de 180 grados, no puede hacerlo con la atención suficiente. Ampliar la capacidad de percepción es fundamental, pero tendremos que hacerlo a través de un mayor conocimiento del juego y afinando los mecanismos de intuición. Cada vez creo más en defensas abiertas al balón y olfato (o miradas breves y buena comunicación) para saber dónde se encuentra nuestro jugador, al que tal vez debamos abandonar si decide cortar.

Por otro lado, creo que la posición defensiva no debe formar un triángulo con el jugador con balón y nuestra marca, otra de esas teorías de baloncesto que nadie se ha cuestionado. O sí, pero que esta no debe ser la clave. Y tampoco creo que la distancia a la que deba estar venga determinada por estar listo para defender, sin conceder una ventaja, la siguiente acción del jugador, sino que la posición debe ser la que le permita robar el pase. Hay que cortar (intimidando, escondiéndonos o enseñando deliberadamente) las líneas de pase y reducir el espacio aéreo. Dejemos de regalar opciones al jugador con balón, al que muchas veces la defensa abre puertas innecesarias.

Formación recomendada: Youth Procoach

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