Ahora o nunca para el mundo del baloncesto

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El mundo del baloncesto afronta una de sus mayores crisis y lo hace absurdamente dividido en diferentes asociaciones, federaciones, organizaciones o gremios, sin principios o ideales comunes.

Siento no salir del bucle, pero no sé cómo hacerlo. Es 30 de agosto y aún no hemos arrancado máquinas, algunas competiciones no saben cómo se van a desarrollar, otras no tienen ni siquiera calendario. Es lógico, existe una amenaza seria para la vida humana que no podemos desdeñar, pero el sector debe aportar sus propias respuestas. Como toda institución, el baloncesto debería tener como finalidad principal su supervivencia y, sin embargo, esta se encuentra en riesgo. En el corto plazo, por la falta de liquidez. En el largo, por una posible caída en el ostracismo, en la intrascendencia.

el mundo del baloncesto necesita verdaderos líderes
El mundo del baloncesto necesita nuevos liderazgos. ¿Te atreves?

Podemos vivir sin baloncesto, claro, pero viviremos peor

Preocupan las generaciones perdidas, los entrenadores en paro, los hábitos que no van a poder ser enseñados. Podemos vivir sin baloncesto, claro, como sin tantas otras cosas, pero viviremos peor. En un mundo distópico unos cuantos electrodos u ondas suplirán la experiencia de compartir sufrimiento y gozo en la pista y algunos seres trasnochados, nosotros, contaremos historias por la calle de lo bonito que era reunirse para jugar o ver un partido de baloncesto. Como siempre ocurre, pero con más facilidad, los nombres de Navarro, Gasol o Rudy caerán en el olvido. The last dance será una serie de ficción que tuvo éxito durante la pandemia y que trata de la vida de un tal Michael Jordan, al que tendrán que buscar en la Wikipedia.

Ante la sombra de la bancarrota y la intrascendencia sobrevenida, lo lógico es que, de una vez por todas, el mundo del baloncesto actúe de forma unida en torno a los objetivos principales

Eso son los riesgos, riesgos no del todo anticipados ni asumidos por quienes habitan en la lógica del corto plazo. Y ante la sombra de la bancarrota y la instrascendencia sobrevenida, lo lógico es que, de una vez por todas, el mundo del baloncesto actúe de forma unida en torno a los objetivos principales. Es importante que los diferentes actores comprendan que da igual que el barco se hunda por proa o popa, por babor o estribor, con independencia de su posición relativa en el mismo. El primer error es pensar que vamos en un transatlántico.

No somos un transatlántico, somos un velero

Y en realidad es un velero, lógicamente impulsado por las imperiosas leyes de la vida (y de la muerte) y la necesidad, frenado por el sentido común que nos recuerda que solo somos lo más importante dentro de lo menos importante. Pero el peor viento no es el que sopla del mar, el peor torbellino es el que surge dentro del barco y nos divide en pequeños y escuálidos gremios dentro del mismo, y nos predispone a acumular víveres antes de que lo haga el resto.

En muchas ocasiones el potenciamiento de lo propio ha desgastado lo común

El mundo del baloncesto ha planteado la situación actual como el dilema de la tabla de Carneades. Ha aceptado que solo hay una tabla y que alguien debe morir. De ahí tanta decisión unilateral, tanta actuación descoordinada, tanto “sálvese quien pueda”. Por eso en tantas ocasiones el potenciamiento de lo propio ha desgastado lo común. La apropiación de las tablas, de los palos y las velas ha convertido el barco en un bote. Todo mientras en algún pequeño rincón del mismo alguien contempla su fardo, lleno de comida en mal estado, y se aferra a su tesoro como un Gollum cualquiera.

No se trata de un juego de suma cero

Da igual lo que yo diga, solo soy un pobre marinero asistiendo en primera persona a la zozobra. Pero he sido muy feliz jugando al baloncesto, compartiéndolo con amigos, viéndolo por la televisión. Mi vida ha sido mucho mejor por haberme encontrado con él en el camino, por haberme enrolado en sus filas y darle un sentido superior al absurdo de meter más canastas que el contrario, lo que todos deseamos pero con lo que no basta, no al menos a mí, para justificar tanta pasión.

José Luis Ereña, ejemplo de entrenador adaptado a los tiempos
El maestro José Luis Ereña, durante el Youth Pro Coach, nos insistió muchas veces en que somos una familia que debería dejar verse como rivales. El mal que le hago al jugador del otro equipo se lo hago al mío, que es el baloncesto

Por esto no me gustaría que esta crisis terminara con nosotros por haber concebido la negociación como un juego de suma cero cuando tendríamos que estar considerándonos todos miembros de una misma parte negociadora y jugar del mismo lado de la red, o contra la inmensa pared que forman las circunstancias, las trabas burocráticas o el desdén de muchas instituciones. El mundo del baloncesto necesita lo mismo que cualquier otro equipo del mundo. Pensar en el nosotros, dejar los egos, personales y gremiales, de lado.

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