Be Nole, my DIDE

La exhibición de templanza del serbio en la final de Wimbledon, una fuente inagotable de enseñanzas para nuestros futuros DIDE

Select your language: es

Siempre me ha gustado el tenis. No solo por el innegable valor estético que cualquiera, sin un conocimiento preciso de este deporte, podría atribuir a la danza que ambos contendientes libran guiados por el vuelo y el rebote de la pelota, retándose continuamente a un “más difícil todavía”, sino porque me permite observar la manera en que se desenvuelven dos seres humanos bajo la luz de los focos, el capricho de la meteorología –también el de la fisiología, por más que lo controlen sus equipos médicos–, las tentaciones de la pereza o la rendición; las insidiosas propuestas del ego.

Al mismo tiempo que afirmo lo anterior, niego la posibilidad de una comparación justa o aplicable al mundo del baloncesto

Y no solo por el evidente carácter individual de esta modalidad, sino también por la diferente sucesión de las pausas –que permite a los tenistas jugar a una frecuencia cardíaca media inferior en unas 15-20 pulsaciones por minuto– y sobre todo por la presencia de una red que protege y ennoblece los esfuerzos, que impide la invasión del espacio personal (codazos, empujones,…); que mantiene los extremos de esta lucha alejados de lo agresivo, lo rudo o lo violento.

Sin embargo, ello no le resta mérito a la exhibición de contención y templanza de Novak Djokovic en la reciente final de Wimbledon, lo que cobra un plus añadido si tenemos en cuenta su natural inclinación al histrionismo o la sobreactuación, al desahogo airado. El serbio, además de en lo obvio –levantar dos bolas de partido y una bola de break que prácticamente significaba lo propio–, elevó su nivel de juego en los tres desempates. En esos puntos, incluso cuando parecía agotado tras perseguir las derechas invertidas y las dejadas de Federer, nunca tomó un atajo, golpeó con margen de error y esperó su momento. ¿Acaso no era tentador jugársela a un todo o nada? ¿Demostrarle al mejor jugador de la historia que podía conectar golpes tan espectaculares como los suyos?

Ni un solo gesto le dedicó Novak Djokovic a la galería, tampoco para celebrar su quinto trofeo en Londres, metido como estaba en ese presente efímero en el que se mantuvo durante todo el partido

Ese que le impedía lamentarse o anticipar futuros imaginados: generarse expectativas o plantear escenarios triunfantes –o todo lo contrario. Ni un solo gesto, tal vez para ahorrar energía, seguro para estar preparado para el siguiente punto, sin deudas pendientes ni solicitud de revanchas estériles, absurdos minipartidos que muchos tenistas libran y cuya victoria conduce tantas veces a la derrota definitiva.

Una magnífica lección apta para todos los públicos y aplicable en cualquier ámbito de la vida. También en el mundo profesional y especialmente en el deporte, nicho habitual de cantidades exageradas de testosterona, egos inflados y recuperación de tratos y costumbres medievales, anclados en lo más primitivo del ser humano. Útil, muy útil, por lo tanto, para los futuros Directores deportivos, que el próximo viernes iniciarán en Burgos el Máster DIDE con la intención de desarrollar una carrera profesiona en los despachos.

Directores deportivos, DIDE, que tendrán que negociar con juntas directivas, agentes de jugadores, compañeros de oficio. Que tendrán que hacer estudios de mercado, elegir a sus equipos de trabajo y saber delegar en personas de confianza. Que se sabrán observados por amigos y enemigos, juzgados en virtud de los resultados por personas que desconocen sus biografías, sus valores o su capacidad de sacrificio.

Si todavía no estás inscrito al Máster DIDE, puedes hacerlo ahora para disfrutar de las jornadas presenciales los días 18, 20 y 21, o prepararte para hacerlo 100% online, a tu ritmo, a partir de septiembre.

Que sentirán las mismas tentaciones de abandono o búsqueda de atajos y recibirán, también, las llamadas de la pereza o la autocomplacencia, el gusto por culpar al otro o al sistema. Ellos también tendrán que elegir entre la familia y un trabajo que les apasiona, entre la deontología y el utilitarismo, entre la ética profesional o una mera apariencia que tal vez les sirva para satisfacer un natural deseo de reconocimiento.

En fin, be Nole, my DIDE

De ahí que a los DIDE, antes de que lleguen a Burgos, les recomiende volver a ver la final de Wimbledon. Para elegir a gente como Djokovic, que suben su nivel en los momentos de mayor presión. Para negociar, con la frialdad del serbio, con posibles interlocutores ignorantes o prepotentes. Para encajar triunfos y derrotas. Para caminar con la suficiente atención a lo inmediato, para no tropezar, pero sin perder de vista el horizonte, para no perderse. Para ser ese piloto honesto que siempre encuentra un hueco en medio de las nubes, tal y como citaba Nacho Coque en la despedida de la fase presencial de la anterior edición. En fin, be Nole, my DIDE.

15 julio, 2019

0 responses on "Be Nole, my DIDE"

Deja un mensaje

©  Sport Coach Academy S.L. Todos los derechos reservados. No está permitida la reproducción total ni parcial de este sitio web, su tratamiento informático, la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de Sport Coach Academy S.L.