Coach K: entrenar, enseñar, liderar

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Con Roy Williams el baloncesto pierde a una de las personas que más han hecho por el juego y por quienes lo practican. Con estas palabras reaccionaba Mike Krzyzewski al anuncio de retirada del mítico entrenador de Carolina del Norte, oponente tradicional del programa de baloncesto de Duke, situado en la localidad de Durham, y en el que el mítico entrenador Coach K ha invertido los mejores años de su vida. Un entrenador al que definen tres palabras “Coach K: entrenar, enseñar, liderar”.

Dar antes de pedir. Este ha sido uno de los lemas de vida del entrenador de ascendencia polaca. Dar, en este caso, respeto, pero también paciencia, disciplina, dedicación. No en vano, Mike Krzyzewski es, en primer lugar, un capricho de la geografía y de la historia.

Un hijo de la posguerra y de la crisis que le sobrevino (en el armario de mi madre solo había dos vestidos, eso sí, impecablemente tratados). Un extranjero entre extranjeros, un líder en medio del mosaico cultural y racial que era, y aún es, el downtown de Chicago.

Coach K fue entrenador antes de serlo

Coach K fue entrenador antes de serlo, esto es, mucho antes de saber que lo era. Los niños se le acercaban por la confianza que desprendía mientras organizaba ligas de béisbol entre barrios retando, para ello, a los “temidos” hispanos del vecindario colindante. O cuando decidió sacar un equipo de baloncesto en el octavo grado pese a la negativa de las monjas que dirigían la escuela secundaria.

Todo mientras se erigía en el mejor jugador de baloncesto de su entorno, lo que le valió la llamada de la West Point Academy.

Mike Krzyzewski es un extranjero entre extranjeros, un líder en medio del mosaico cultural y racial que era, y aún es, el downtown de Chicago.

Juan José Nieto

Allí conoció a Bobby Knight, quien más adelante actuaría como mentor tras el paso de la cancha a los banquillos. Y allí padeció también los rigores de la educación militar, pasando más de una noche al raso o temiendo morir ahogado en alguna colada de barro por las que debían transitar los fornidos chicos del ejército de los Estados Unidos.

Coach K y Bobby Knight, un ejemplo de mentor y discípulo. Coach K: entrenar, enseñar, liderar
El discípulo de bromas con el mentor. En: https://www.mentalfloss.com/article/25009/mike-krzyzewski-slap-boxing-bobby-knight-1979-photo

Sin embargo, Coach K siempre ha querido desmarcarse, no sin mostrar el debido agradecimiento, de la figura de Bobby Knight. De él se compadecía por su exceso de rigidez y una misoginia que él justificaba en la ausencia de referentes femeninos en su contexto familiar.

Coach K, en cambio, se ha caracterizado siempre por tener muy desarrollada su vertiente emocional, por ser capaz de comunicarse también en el plano de los sentimientos, lo que le ha permitido conectar de un modo más íntimo y sincero con sus jugadores. Estas eran las señas de identidad de Coach K: entrenar, enseñar, liderar.

Renovado por cinco años tras tres derrotas consecutivas

Uno de los más famosos momentos de flaqueza ocurrió, tal y como se ha llegado a saber, en enero de 1984. Tras tres derrotas consecutivas contra equipos de la conferencia, Tom Butters, en vez de despedirlo, le ofreció una extensión de cinco años de contrato.

El mismo Tom Butters había sorprendido a la prensa especializada dando su nombre como director del programa de baloncesto de Duke, cuando aún era un joven entrenador en The Army. “Mike Krzyzewski es el entrenador joven con más talento del panorama actual”, dijo para anunciarlo.

Y las portadas de los periódicos locales no pudieron sino bromear al día siguiente a propósito de su peculiar apellido: “No, esta no es una errata”.

“Mike Krzyzewski es el entrenador joven con más talento del panorama actual”

Tom Butters en 1984

Desde entonces doce apariciones en la final a cuatro, cinco campeonatos universitarios y el récord absoluto de victorias lo convierten en uno de los entrenadores más importantes de la historia de nuestro deporte. Me corrijo, pues es mucho más que un entrenador, él siempre se ha considerado un profesor, un maestro, argumento que utilizara para renunciar a la oferta de los Celtics en 1990 y a la de los Lakers en 2004, donde solo podría ejercer de eso, de entrenador. Y eso nunca ha sido suficiente para él.

Coach K y Jim Valvano, unidos por la rivalidad y el amor al baloncesto hasta que la muerte del segundo los separó. Coach K: entrenar, enseñar, liderar
Coach K y Jim Valvano, unidos por la rivalidad y el amor al baloncesto hasta que la muerte del segundo los separó.

Enseñar y liderar, eso es lo que ha venido haciendo todos estos años, gobernando a través de las metáforas y del ejemplo más de cuarenta hornadas de jugadores.

Gestionando más de cuarenta generaciones de entornos (agentes, padres), rivales, periodistas y opinadores, esos que tantas veces han querido cortarle la cabeza (especialmente tras perder en el Elite Eight por 43 puntos contra Virginia en 1983) y a los que siempre ha sabido ignorar y comprender. Gracias, sobre todo, al papel de su esposa Mickey, a quien, en su primera cita, le dijo que era la tercera de la lista para terminar siendo su “everything”, como canta Barry White.

Sus mayores victorias llegaron tras las peores derrotas

Su “first”, su “last”, su “everything” junto a sus tres hijas, que a tantos y tantos eventos lo han acompañado y con quien se entrenó, en las largas noches de Durham, en el arte de contar historias, una cualidad que todos los que lo conocen resaltan cuando tienen que describirlo.

Tampoco falta en su definición una trabajada capacidad para salir mejor de los fracasos, pues a la derrota por 30 puntos en la final universitaria de 1990 contra la Nevada-Las Vegas de Tarkanian le siguieron dos campeonatos consecutivos. Y lo mismo sucedió tras el pobre bronce en el Mundial de Japón de 2006, al que siguió un ciclo irrepetible de tres Juegos Olímpicos y dos campeonatos del mundo con la selección USA.  

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Quizá todo proceda de esta frase que resume su filosofía acerca de los grupos humanos: Si, aun estando unidos, creyendo en los demás, pierdes, puedes llegar a manejar la derrota. Pero te diré una cosa, si estáis unidos y creéis en los demás, tenéis una gran opción de ganar.

Ha llegado el momento de ceder el testigo

Ahora es el turno de Jon Scheyer, de quien, en su época como jugador, Coach K dijo: “cualquier día con él es un buen día”. Sobre sus hombros descansará la responsabilidad de mantener un legado imperecedero, que permanecerá en los libros de historia, y no solo del deporte.

En su cabeza residirá ese sistema que no es tal, en el que rara vez se marcan jugadas, en el que solo se definen ideas, estilos y filosofía en el marco de una libertad controlada. Una libertad controlada y una precisión impredecible que desconcierta a los rivales y a la prensa mientras, a cambio, promueve la comunicación entre los miembros de la gran familia de los Blue Devils.

Una universidad de Duke cuyo referente eterno, en esta vida y en la otra, será siempre Mike Krzyzewski. Y no, esto no es un error tipográfico.

Si, aun estando unidos, creyendo en los demás, pierdes, puedes llegar a manejar la derrota. Pero te diré una cosa, si estáis unidos y creéis en los demás, tenéis una gran opción de ganar.

Mike Krzyzewski
Coach K y John Scheyer, su relevo en el banquillo, durante la temporada 2009-2010 que culminaron con el anillo de campeones.  Coach K: entrenar, enseñar, liderar
Coach K y John Scheyer, su relevo en el banquillo

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