Diario de un encierro. Día V

El placer de bajar a echar unas canastas o El arte de la guerra

No sabéis lo bien que me ha sentado bajar a echar unos tiros, cuánto lo echaba de menos. Necesitaba sudar y sentir el contacto con la pelota. A veces, cuando uno ejerce demasiado tiempo como entrenador, olvida el aspecto lúdico del juego, aquella primera chispa que una noche de verano, o una tarde de primavera, se encendió por primera vez. Como entrenadores tenemos que rescatar aquel alma infantil, enjaulada en el traje como símbolo de todas las categorías con las que los otros nos definen y fosilizan. Efectivamente, muchas veces, como dijera Jean Paul Sartre, el infierno son los otros, lleven o no mascarilla.

Bromeaba, claro, entre otras cosas para comprobar si alguien lee esta página de diario, más allá del titular. Si le dais a “me gusta” por el cariño que me tenéis, igual que los jugadores ejecutan los sistemas porque “nobleza (o profesión) obliga”. Seguía bromeando, esta vez para introducir el tema en el que he estado adentrándome esta mañana, una mañana más de confinamiento voluntario/obligatorio, responsable y sumiso al mismo tiempo, como lo es también el comportamiento de nuestros jugadores ante nuestras órdenes. ¿O no?

Al fin he abordado la lectura de El arte de la guerra

Lo digo porque al fin he abordado la lectura de El arte de la guerra, atribuida a Sun Tzu, patriarca de un extenso linaje de militares que, en el norte de China, libraron numerosas batallas para mantener el orden en un territorio atomizado y gobernado por múltiples señores feudales. Sus enseñanzas, transmitidas oralmente y, finalmente, recopiladas en este libro, son una fuente de sabiduría para cualquiera que ejerza el liderazgo en algún ámbito público o privado, profesional o personal. Eso sí, como bien se indica en el capítulo 1, el conocimiento que se obtiene de las victorias, no se puede anticipar.

Estas son las victorias del linaje militar: no pueden transmitirse por anticipado

Entre otras cosas porque demanda introspección y contexto, adaptación a las situaciones concretas, nuevas formas de utilizar la mente en fusión con esta sabiduría de origen oriental. En cualquier caso, la lectura más superficial y grosera de El arte de la guerra haría reflexionar a cualquier entrenador. Sirvan, si no, como muestra, los siguientes aforismos rescatados de una primera y rápida ojeada, en realidad una suma de versos infielmente agrupada para este fin más pragmático.

  1. El que es hábil en la batalla se asienta en el lugar de la no derrota. Y así no se pierde la derrota del enemigo. Por eso, el ejército victorioso vence antes y después de que tenga lugar la batalla. El ejército derrotado primero lucha y después busca la victoria. ¿Podríamos pensar en una preparación de partido conservadora, en atención a los puntos básicos y fundamentales de nuestro juego, desde la que construir una confianza firme en la “no derrota”? ¿No era así como preparaba los partidos Rafa Nadal ante Roger Federer?
  2. El que es hábil en la batalla emplaza al otro, no es emplazado por él. Llevar la iniciativa, dominar el tempo de juego, quitarle el balón de las manos a los jugadores peligrosos, dominar los espacios tanto en ataque como en defensa,…
  3. En la batalla de día utiliza más banderas y estandartes. En la batalla nocturna utiliza más tambores y campanas. Tambores y campanas, banderas y estandartes, son los medios mediante los cuales uno logra unificar los oídos y los ojos de la tropa. En cuanto la tropa se halle fuertemente unida, el valiente no tiene ocasión de avanzar solo, el cobarde no tiene ocasión de retroceder solo. Este es el método para emplear a muchos hombres. En fin, poco que añadir: comunicación y símbolos para trabajar como si fuéramos un solo hombre, conteniendo de esta manera los ademanes individualistas de gloria inútil o vergonzosa retirada.
  4. De este modo, se avanza sin pretender la fama. Se retrocede sin preocuparse de la crítica. Solo se busca el beneficio de los hombres, y conseguir unas ventajas acordes con las del gobernante. Porque solo se pretende enriquecer al Estado. Una buena guía para este y cualquier otro tiempo, para ti, para mí y para cualquiera que ose, porque es una osadía, liderar un grupo humano y llevarlo a la victoria.

P.D. La lectura coincidió con el visionado parcial, porque parcial era mi atención, del Michigan-Carolina del Norte, final universitaria de 1993. Mañana traeré una reflexión al respecto de la que avanzo lo siguiente: ¿hemos renunciado al componente estratégico del juego? ¿existe un pacto de no agresión para que todo se dirima en el tablero táctico más allá de, por supuesto, en el talento de los jugadores?

Hasta mañana, espero que hayan pasado del primer párrafo.

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