Diario de un encierro. Día XI

De un tiempo a esta parte

De un tiempo a esta parte he venido observando como a Mike D´Antoni se le iba poniendo cara de Ron Dennis o, mejor, de su medio compatriota Flavio Briatore. Y no porque compartan esteticien o acudan juntos al mismo solárium, sino porque de un tiempo a esta parte, a lo que llamábamos entrenar le ha surgido un sinónimo tan bueno que es casi mejor reemplazarlo. Entrenar es, cada vez más coordinar, decidir en función de la telemetría, escuchar a un ingeniero, poner cara de entender lo que te está diciendo y ejecutar, finalmente, punto por punto, lo que sugiere.

De un tiempo a esta parte a la franquicia de Houston se le ha puesto cara de escudería de Formula 1

De un tiempo a esta parte, a la franquicia de Houston se le ha puesto cara de escudería de Formula 1. La persona más importante es una suerte de ingeniero jefe y, a sus órdenes, se encuentran mecánicos y, como hemos visto, jefes de operaciones o portavoces autorizados únicamente para jugar a su estilo. Muchos jugadores no alcanzan, siquiera, el rol de un piloto, digamos que muchos son el chasis, el alerón o, en el mejor de los casos, un motor última generación.

Pilotos solo hay dos, tres en algunos equipos

Pilotos solo hay dos, tres en algunos equipos. Y, créanme, no les dejan frenar más tarde de lo debido o adelantar poniendo en riesgo la seguridad del vehículo. Hasta sus disparates forman parte de un plan previsto: un tiro de nueve metros es mejor que uno de cinco, un tiro de Harden contra dos es mejor que uno del vecino del quinto debajo del aro.

No sé hasta qué punto contabilizan los expertos las sinergias que genera un juego dinámico, de responsabilidades compartidas

Me gustaría saber, preguntarle a nuestros expertos, si la matemática de los datos aislados, por mucho que a veces los combine, es capaz de incorporar al juego de los algoritmos los estados anímicos que se derivan de seguir una estrategia u otra. No sé hasta qué punto contabilizan los expertos en estadística avanzada las sinergias que genera un juego dinámico, de responsabilidades compartidas (quizá relacionando el % de canastas asistidas con las victorias), que renuncie un tanto al frío dato estadístico y aliente, en cambio, esos estados de flujo que solo se dan en equipos que otorgan confianza a todos sus miembros. Confianza por encima de sus habilidades.

Aquella Argentina de 2004…

En fin, pienso en los San Antonio Spurs de 2014, o en los Golden State Warriors del último lustro, y veo equipos que, además de no enterrar la figura del cinco clásico, poseen un reparto de tiros, y de posesión de balón, mucho más caótico, aleatorio y altruista, basado quizá, no tanto en la estadística avanzada como en el empirismo de un cuerpo técnico con un conocimiento del baloncesto más íntimo, incluso, que el que puede aportar ningún matemático. Popovich y Kerr saben qué hay que hacer para ganar en terrenos donde el Analytics no puede llegar. Estoy convencido. Y estoy seguro de que me dirán que todo es compatible. Pero hay que mojarse.

Sin emoción, el teatro cerrará sus puertas y ganar no habrá servido de nada

Lo confieso. Entre las distopías que se asoman en el horizonte cercano, una de ellas es que el baloncesto, el juego que tanto me emocionó siendo un niño, se convierta en una batalla entre ingenieros con jugadores relegados, con todos los respetos, a pilotos de Formula 1 o, peor, a piezas fungibles e intercambiables de una máquina que mueve datos y dólares con una frialdad que nunca debería haber alcanzado a una actividad tan primaria como el juego. No deberían olvidar que sin emoción, el teatro cerrará sus puertas y ganar no habrá servido de nada.

P.D. Esta no es una entrada contra la ciencia, cuya capacidad es ilimitada, ni siquiera sobre una de sus aplicaciones, como es la estadística avanzada. Es solo un lamento en voz alta, de un entrenador que, como todos, se formará en todos los aspectos que le ayuden a ser mejor en su oficio hasta que la desconexión entre cuerpo y alma sea absoluta y no quede otra que dejarlo.

24 marzo, 2020

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