Diario de un encierro. Día XVII

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Qué deliciosa presión esta de la hora de cierre, ahora que nada urge, que nunca hay prisa, como nos llevan diciendo tanto tiempo a los miembros de mi generación. El cambio de día es, para un diario, como una persiana que se cierra y esta vez será la definitiva, al menos en esta web, en la que seguiremos subiendo contenidos, aunque de distinto tipo, ante el riesgo de que esto se convirtiera en un serial de Dickens o Galdós (ya quisiera).

No tengo ni idea de cómo será el futuro, qué será de nosotros y del baloncesto.

Ha sido un placer comunicarme con vosotros estos días, contaros ideas más o menos vagas en torno al oficio, dar la luz de mi cuarto y ver también la vuestra a través de esta ventana indiscreta que es siempre un diario cuando se abre y descubre sus propios secretos, aunque no hayan sido muy valiosos o precisos: no tengo ni idea de cómo será el futuro, qué será de nosotros y del baloncesto, un deporte que surgió para educar y socializar, en estos tiempos de urgente y necesario aislamiento.

Una pandemia nos recordó que, citando a Eugenio Montejo, nuestra es la llama que arde con la vela, no la vela; el tacto de las manos, no las manos. Una pandemia nos vino a recordar el título del libro de relatos de Julio Llamazares que empieza relatando el penalty fallado por Djukic: ¿tanta pasión para nada? En realidad, creo que la verdadera pasión no persigue ninguna meta, ni siquiera ganar una liga o llenar de trofeos una sala que se llenará de polvo y telarañas.

¿Servirá de algo este aislamiento?

El encierro, el paro, la desesperación,… ¿Servirán de algo cuando nos levanten el veto, cuando nos saquen de la rueda desde la que se observa un suculento pedazo de queso? ¿Seguirán dándose casos de deslealtad entre entrenadores, de egoísmo y envidia entre jugadores, de soberbia y falta de empatía por parte de los árbitros, de desprecio y desidia por parte de los federativos? ¿Seguirán planeando las aves carroñeras generando necesidades para cubrirlas a continuación? ¿Seguirán las apuestas cubriendo el sentido que no conseguimos darle al deporte, financiándolo a cambio de unas pocas vidas arruinadas?

La poesía es un arma cargada de futuro

Gabriel Celaya

Volverán, volverán las oscuras golondrinas, en su balcón, sus nidos a colgar. Llegarán nuevas primaveras y veranos, habrá más y mejores historias que escribir. Soy optimista en torno a este punto. También en que el baloncesto estará ahí para ambientar muchas de ellas, no deja de ser un escenario perfecto para la lucha agonística, el duelo honorable, las derrotas honrosas y los grandes triunfos. Tuya es la responsabilidad, entrenador, en tu pequeño ámbito, en la resolución de dilemas morales que parecen carecer de importancia para el planeta, de que el baloncesto sea una cosa vulgar sustentada en el espectáculo o poesía en movimiento, y como poesía, citando a Gabriel Celaya, un arma cargada de futuro.

Buenas noches y hasta la próxima cuarentena.

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