Las normas de la casa del baloncesto

La exclusividad de formar parte de nuestro hogar

Les resumo, por si no lo conocen, el argumento de la película Las normas de la casa de la sidra. Homer (Tobey Maguire), un chico que ha crecido en un orfanato, es el elegido por el Doctor Larch (Michael Caine), quien practica abortos ilegales, para ser su sucesor. Sin embargo, en ese lugar donde se abandonan los residuos no deseados del amor entre un hombre y una mujer, la aparición de Charlize Theron lo cambiará todo hasta el punto de que Homer abandonará con ella el que había sido su único hogar hasta la fecha.

Con ella lo aprenderá todo: El amor, el sexo, la necesidad de obtener ingresos,… A vivir lejos de los horizontes tantas veces oteados, sin la seguridad de las paredes que oprimen al tiempo que reconfortan. A afrontar conflictos morales sin un mandamiento al que atenerse. A pensar, a sabiendas de que nadie lo haría ya por él.

Este mismo sentido emancipatorio tiene también el Procoach, una formación cuya exclusividad no procede únicamente de lo improbable que resulta concebir que puedan volver a reunirse en un único lugar, y en tan solo cinco días, todos estos entrenadores de élite: tantos títulos de competiciones europeas, tantos cooperadores necesarios en el éxito de cientos de jugadores profesionales de baloncesto.

No, esta exclusividad, como la de las mejores academias de Estados Unidos (Harvard, Yale, Stanford,…), nos la conceden también nuestros alumnos cuando a la llamada de la pizarra, tras la visión de esa Charlize Theron que es para todos ellos el baloncesto, se atrevieron a salir de la falda de sus mentores y acceder a nuevos aprendizajes. Desde luego, para comprobar que son los mejores no será necesario examinarlos. Que estén camino de Valencia, invirtiendo sus vacaciones en nosotros es la demostración palpable de que están dispuestos a evolucionar.

Camino de Valencia y de L´Alqueria, nuestra particular casa de la sidra, un entorno perfecto para acoger a Igor Kokoskov, Dimitris Itoudis, Lionel Hollins o a cualquier otro de los grandes maestros del Procoach; poseedores de la receta del éxito, trabajadores infatigables que, a lo largo de su carrera, se han dedicado a exprimir el jugo de los demás sin olvidar hacerlo con el suyo propio. Una vez más, la exclusividad de su conocimiento, alimentado durante décadas, procede de ese acto de rebeldía original que todos los que estamos citados en Valencia a buen seguro recordamos: “Mamá/papá/cariño, yo quiero ser entrenador”.

Y para ser entrenador, ya lo siento, conviene separarse del Doctor Larch, transitar otros caminos de los habitualmente hollados. Estuvo bien, mientras duró, el amor, casi filial, por el coordinador de nuestro club, poseedor de una experiencia valiosa, pero no renovada ni contrastada con una nueva realidad. Y no estuvo mal esa época en la que recorrimos el país de curso en curso, de clínic en clínic, cazando una idea aquí y allá, buscando ejercicios y respuestas clarificadoras que ahora nos cuesta no reconocer como ingenuas. Y hasta lo pasamos bien persiguiendo un sello que nos certificara como entrenadores.

Pero acudir al Procoach es otra cosa, sí, solo apta para entrenadores de verdad, con o sin sello. Y no tiene nada que ver con escuchar al “viejo” o asistir a una clase magistral descontextualizada; tampoco con recorrer un itinerario trazado por ley. Acudir al Procoach es en sí mismo un desafío, toda una declaración de amor.

Desde Sport Coach solo queremos desear un buen viaje a quienes se aproximan a nuestra casa de L´Alqueria y anunciarles el principio que resume nuestras normas: atrévete a evolucionar.  

23 julio, 2019

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